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Significado de la Escultura tras la Revolución del
Siglo XX
Texto y dibujos de Francisca Martín-Cano Abreu
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7. Nueva función de la escultura pública
Abreu - 1988
Los gobernantes occidentales se dieron cuenta
del importante sistema expresivo que representaba la escultura
urbana como sistema de comunicación de gran impacto.
Por lo que decidieron apoyar un Arte
público situando esculturas en parques y jardines,
avenidas, aeropuertos, paradas de autobuses y autopistas, en
barrios y en zonas residenciales de grandes ciudades y
pequeños pueblos, contextos desde los cuales alcanzasen a
toda la colectividad.
Algunas obras de Arte a la intemperie son las
de Abreu, Doltz, Ladevèze,
Laverón, Xargay.
Descubrieron que desde su ubicación
pública las esculturas urbanas son testimonios culturales
que se ofrecen de manera simultánea y de manera
involuntaria y automática a ingentes masas que reciben el
mensaje que el artista individual plasma y que ejercen su
influencia profunda de manera continua y permiten que su enorme
potencial comunicativo llegue a los ciudadanos de forma
generalizada.
Dolz - ca. 1983 
Que a diferencia de los santuarios de los
Museos facilita el que las capas de menor instrucción se
aprovechen del estímulo visual, del disfrute del
patrimonio que tradicionalmente estaba reservada a las clases
pudientes y privilegiadas que eran quienes exclusivamente
tenían la oportunidad de visitar los Museos.
Esculturas urbanas que se desmitifican y se
bajan al nivel humano; se elimina el pedestal que la sustentaba
que las alejaba de los contempladores y sale al encuentro del
ciudadano para que desde su nueva posición las obras
monumentales mejor lleguen e influyan en todas las capas de la
sociedad. afectando de manera imperceptible con su
deshibición en los ciudadanos y desarrollando cierto
mimetismo generalizado.
Laverón - ca. 1969
Los gobernantes utilizan la nueva
función de forma más cultural y confrontan en el
espacio estéticas diferentes e integran esculturas de
fuertes contrastes entre sí y con el entorno. Apoyan una
escultura pública sin uniformidad y promocionan
monumentos que cristalizan y defienden maneras de pensar
revolucionarias. Que divulgan y transmiten unos valores de forma
subyacente y que son elaboradas y recogidas por el inconsciente
colectivo. Que magnifican y prestigian los valores que reflejan.
Que exponen y divulgan soluciones innovadoras, cataclismos
estéticos. Obras de Arte que ofrecen en alto grado el
refinamiento de la sensibilidad humana.
Ladevèze - 1974
Con lo que los receptores que disfrutan de la
obra de Arte pública tienen ante sus ojos unas
oportunidades como nunca habían tenido antes. Observan de
continuo esculturas pertenecientes a tendencias diversas de
forma no aisladas. No formando parte de ghettos, de grupos
coherentes y homogéneos sino coexistiendo y dialogando en
armonía.
Síntomas de una época
pluralista que admite pluralidad de opciones tanto
políticas como religiosas, económicas y
psicológicas, científicas y espirituales. Sin
sexismo, sin racismo, sin clasismo, sin exclusividades
estéticas, en contra de todo integrismo que defienda la
pureza o la homogeneidad.
Y los ciudadanos al estar en el entorno de
elementos culturales de diversas tendencias que le testimonian
armonía aprenden a interiorizar el patrón cultural
de pluralidad que representan. Reciben una filosofía
integradora posibilitadora de convivencia entre la
innovación y lo tradicional.
La pluralidad estética permite que se
modelen patrones de acción fundamentados en diferentes
filosofías, en diferentes principios. Permite que se
adquieran pluralidad de valores, aumento de tolerancia,
flexibilización de conductas a la vez que se aumenta la
pasión estética. Aprendizajes plurales que se
transfieren a otros campos sin el esfuerzo de ir en su
búsqueda.
Por lo que las producciones
escultóricas de vanguardia que forman parte de la
escultura urbana realizan cambios en los valores y pautas de una
sociedad. Y permiten eliminar la resistencia al cambio de
actitudes demasiado autoritarias, a la vez que cambia el gusto
estético.
Xargay - siglo XX
Sin embargo hoy más que nunca la
escultura urbana es elitista. Es incomprensible. Al no ser
figurativa no encuentra pronta significación en las
masas. Sin embargo ese elitismo es gozado por todos; no se
entierran en los Museos sino que se colocan en las calles, al
aire libre.
Las nuevas maneras expresivas de la escultura
urbana occidental del siglo XX despiertan curiosas fuerzas
emotivas en los contempladores: de atracción o de
rechazo. Y dependen de los condicionamientos culturales la
diversidad de reacciones individuales.
Suelen ejercer enorme fascinación y
estimulan las más vigorosas adhesiones en los sujetos que
sienten a su través profundos placeres y satisfacciones,
que vibran, reviven y sintonizan con lo que el artista
transmite, con lo que la obra de Arte expresa.
Mientras que la contemplación de la
escultura contemporánea todavía despierta
hostilidad en quienes les repugna, en quienes ejercen una
ferviente reacción de rechazo.
A otros espectadores los deja indiferentes y
no les dice nada, dejan intacta la contemplación
artística.
Algunas esculturas con sus atractivas curvas
suaves nos alegran, nos calman y tranquilizan; otras con sus
llamativos colores, sus estridencia y sus formas agresivas nos
excitan y estimulan; algunas fascinan; otras repugnan, mueven a
la reflexión o sorprenden.
Todas atraen la mirada y son imágenes del tiempo,
enriquecen el espacio y provocan el deseo de permanecer en su
cercanía. Y se convierten en fuente de atracción
publicitaria y turística.
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