Si tuviéramos que elegir una forma literaria a
través de la cual pudiéramos expresar con mayor
intensidad nuestras emociones, sin lugar a dudas
escogeríamos la poesía. El poema es el medio a
través del cual la palabra se carga de simbología
más allá de contenidos estrictamente literales.
La propia belleza de la poesía hace, sin embargo, que
no se limite a dejar traslucir emociones y transmita tales
sensaciones frecuentemente de forma artificiosa, a través
de alardes lingísticos, utilizando toda fuerza del
lenguaje en que está escrita. Como consecuencia, la
poesía como forma suele cobrar más importancia que
el propio mensaje del poeta, el continente es más
importante que el contenido y, en pocas palabras, la
poesía cae presa de su propio simbolismo.
Si, por el contrario, consiguiéramos desprender a un
poema de todo aquel elemento superfluo y estético que le
rodea, si pudiéramos aislar su esencia poética y
escoger únicamente aquellas palabras que se funden con la
verdadera emoción y transmiten el mensaje en toda su
pureza, habríamos obtenido seguramente algo semejante a
un haiku.
El haiku tiene su origen en el siglo VII, primero en lo que
se conoce como Wakka o Tanka - composición poética
de origen chino, en cuya estructura y composición se basa
el haiku actual, aunque de mayor longitud - y posteriormente en
el Renga, composición poética continua formada por
la unión de tankas encadenados por varios autores. Se
trata de una composición poética sumamente corta -
tan solo tres versos carentes de rima de cinco, siete y cinco
sílabas respectivamente- a través de la cual el
poeta intenta transmitir una imagen del mundo que le rodea; el
sentir del autor en un determinado momento a través de lo
que ve y su comparación con el vacío. El haiku se
convierte entonces en un detonante de emociones, un despertar de
la conciencia: un Satori en lo que se refiere al mundo Zen.
En general, los haikus pueden clasificarse dentro de una
serie de grupos temáticos: "Tenmon", o haikus que hablan
sobre el cielo y los elementos atmosféricos; "Chiri" o
haikus que hablan de la naturaleza, el campo y las
montañas; "Jinji" o haikus relacionados con la vida
cotidiana y el día a día; "Komi-hotoke", o
aquellos que hablan de religión, de dioses o de Buda,
"Dobutsu", o haikus que tratan de pájaros y otros
animales, "Shokubutsu" que tratan sobre plantas y otros
vegetales, y los más comunes, los "estacionales", cuyos
contenidos hacen alusión esencialmente a elementos
característicos de las estaciones del año.
Así, la flor del cerezo o el deshielo son elementos
característicos de la primavera, mientras que la escarcha
o el sauce son característicos del invierno. El resto de
los haikus existentes se clasifican dentro de un apartado de
miscelánea, o "Zatsu".
Como ejemplo clásico de haiku es conocido el
siguiente, escrito por el maestro Bashoo, en un momento de
iluminación cuando se encontraba en Edo, meditando junto
a sus discípulos:
Un viejo estanque:
se zambulle una rana,
ruido del agua.
En él, podemos ver la composición y el ritmo
clásicos de un haiku; un primer verso donde se refleja
silencio y quietud. Una segunda línea que hace su
aparición la sorpresa, un gesto que rompe el ritmo
pausado inicial, para después volver al estado de paz
inicial.
Como en cualquier manifestación artística
Zen, la iluminación puede llegar en cualquier momento. La
naturalidad del haiku proviene precisamente de la espontaneidad
de su autor. La poetisa Chiyo-ni había pasado una noche
de meditación, intentando escribir un haiku sobre el
cuco, un ave presente de forma habitual en la poesía
japonesa. Al amanecer, consiguió escribir esta hermosa
composición:
Toda la noche
Diciendo "Cuco", "Cuco",
Y al fin, ¡La aurora!
La aparente simplicidad de este haiku no debe confundirnos;
su construcción es un delicado equilibrio entre la
opacidad propia de la escasez de palabras y la grandilocuencia
del exceso, que impediría comunicar al lector todo
aquello que se transmite sin palabras. Componer un haiku es una
labor difícil, a la que se llega tras un dominio del
lenguaje y una gran capacidad de elaboración.
Bashoo es uno de los autores que con mayor habilidad supo
abordar el mundo del haiku. En el ocaso de su vida y viendo
cercano su final, ante las peticiones de sus discípulos
de que creara un poema de despedida, creó uno de los
haikus más hermosos existentes. Su lectura en cualquier
caso, incita a la reflexión:
Habiendo enfermado por el camino
Mis sueños merodean
Por páramos yermos.
Una página de haikus escritos por mensistas
arriba
|